
Sin desear parecer resentido, indignado o despechado me pregunto porqué demonios no nos dan a los humanos clases de humanidad, sí de hombres y mujeres, de qué sirve saber el Teorema de Pitágoras si luego, a los veinte y pico uno se va a cruzar con la demente que lo deja sin fórmulas, sin teorías, sin índice, lo abruma hasta hacerlo olvidar de que la existencia es posible porque sólo tiene que respirar...
Para qué tanto memorizar fechas, datos, características geográficas, melodías insulsas, verbos transitivos, intransitivos, ácidos, huesos, ADN, parábolas, límites, derivadas, sí, existe una constitución Nacional, que nos rige, los rige, los norma y uno lee su Preámbulo desde que es pequeño... para qué...
Yo te voy a decir para qué: para que no cuentes, el día de mañana, con la posibilidad de decir: a mí qué carajo me importa que no quieras estar conmigo, qué demonios te pensás que me va a producir que te guste otro, para eso, para que quedes preso, sin elementos racionales que le den respiro al pedacito de cuerpo que manda, no, no ese, el corazón, para que nos vayamos aniquilando lentamente, sin tanto gasto de energía ajena, para que el equilibrio en la demografía pueda ser una falsa solución, para eso, para que no sepas que mientras llenas tu cabecita con cosas útiles, hay, en lugares no tan lejanos, un grupo de Circes preparando tu toque de queda, comienzan de a una, dulces y jóvenes, luego se desbocan y pueden aparecer en infinitas ruedas de burbujas violetas...
Sé que te llegará tarde mi consejo, está completamente asegurada su tardanza, pero quién sabe: Larga lo que tengas que estudiar para mañana, dejá de hacer las manualidades que te llevaran al regocijo momentáneo, y empieza a besarlas, a todas, a muchas, besalas y ese puede ser el antídoto a tu futura esclavitud, besalas.
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